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Minerva Rosas

Dice que la fórmula que ha permitido a SONAPLES permanecer en el tiempo son sus lazos con otras casas de estudios de Chile y el extranjero, “porque así, en este mundo globalizado, nos mantenemos todos al día y por medio de estos contactos se forma una red que nos permite estar actualizados”.

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Minerva Rosas: “El desafío de la nueva directiva de SONAPLES es mantener la sociedad viva”

Cuando Minerva Rosas entró a estudiar al Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile en la década de los ’60, lo hizo casi como algo natural, porque creció en una familia de profesores donde el tema de la enseñanza era parte de la cotidianeidad. Eso sí, tuvo en algún momento la “tentación” de seguir la carrera de Ingeniería Química, opción que desechó por temor a la discriminación que, asegura, hasta el día de hoy afecta a las mujeres en el mundo ingenieril y que en esos tiempos era aún mucho mayor.

Fue así como dio inicio a una destacada trayectoria en el mundo de la Pedagogía en Inglés y la formación de nuevos docentes para la enseñanza de lenguas extranjeras. “Nací en Castro, soy chilota y mi mamá era profesora. También tenía un tío que era director de escuela, entonces siempre escuché hablar de pedagogía, era algo que conocía y que me gustaba. ¿Por qué el inglés? Porque tuve una profesora que me enseñó inglés desde los primeros años. Era una profesora de origen galés, amiga de mi mamá. Para que sus hijos aprendieran inglés, armó un grupito y nos empezó a hacer clases de chiquititos, desde los ocho años. Nos invitaba a su casa, nos hablaba todo en inglés y nos hacía juegos. Eso a mí me gustó, tenía mucha facilidad y en el colegio era la mejor alumna”. 

Terminó sus estudios en el ex Pedagógico el año 1968. Ya estando casada, a su marido que también es profesor de inglés, se le presentó la oportunidad de trabajar en la sede de la Universidad de Chile en Osorno, que se convirtió años más tarde en la Universidad de Los Lagos. Fue así como empezó a crearse el fuerte vínculo que mantiene hasta el día de hoy día con esa casa de estudios.

“Yo estaba trabajando en Macul y nos vinimos a Osorno. Se dio que una profesora se fue y me ofrecieron trabajar en la universidad. Después hice un Magíster en Valdivia, durante la dictadura también trabajamos en la Universidad Católica de Temuco y después de algunos años, ya que mi marido y yo teníamos postgrados, nos contactaron para volver a Osorno, porque el rector de la época quería incorporar la carrera de Pedagogía en Inglés en el Instituto Profesional de Osorno que se iba a transformar en universidad. Y realmente fuimos nosotros dos los que empezamos esa carrera en la Universidad de Los Lagos, que además acaba de ganarse una acreditación de seis años, lo que nos enorgullece a todos”.

 “Fuimos protagonistas de todos los cambios que se fueron haciendo durante la marcha, se formó un gran equipo que sigue funcionando muy bien y la mayor satisfacción es que las personas que están dirigiendo en este momento la carrera fueron alumnos nuestros que después hicieron su postgrado. Conseguir una acreditación de seis años es de verdad un orgullo y realmente podemos decir que somos personas que formamos”.

 

Una segunda lengua

Minerva habla con entusiasmo del tema al que ha dedicado toda una vida y explica por qué es tan importante para las personas la posibilidad de manejar una segunda lengua. “Primero, porque cuando tú manejas dos sistemas lingüísticos tu cerebro es más flexible, más permeable. Lo he comprobado varias veces con niños que son bilingües: cuando aprenden dos idiomas antes de la pubertad, son más abiertos, su mente es más ágil y su sistema cognitivo trabaja mejor”. 

Y en segundo lugar, agrega, “porque permite tener otra perspectiva. Los hablantes nativos del inglés ven el mundo de una manera y esto se refleja en su sistema léxico. Nosotros tenemos diferentes visiones de mundo, entonces es muy importante agregar otra visión y por eso la literatura es tan importante porque te abre múltiples perspectivas, te hace ser más abierto. Lamentablemente en este momento veo que en las universidades se está minimizando el rol de la literatura, sobre todo en las lenguas extranjeras, y creo que se le debería dar mucha más importancia. No se puede descuidar, porque enseña a pensar”.

Formación docente

Minerva Rosas es Magíster en Filología con mención en Lingüística Aplicada por la Universidad Austral de Chile y Doctora en Lingüística por la Universidad Católica de Valparaíso. Explica que la tesis de su doctorado fue sobre comprensión lectora, tanto de la lengua española como inglesa y que se trata de un área a la que dedicó muchos años de investigación. Sin embargo, afirma que hay otro tema que pudo desarrollar con mucha fuerza: el de la formación inicial docente.

Eso empezó, recuerda, cuando el Ministerio de Educación invirtió recursos millonarios a principios de este siglo para mejorar la formación de los profesores y frenar la alta tasa de deserción de nuevos maestros, que bordeaba el 40%. Para tal efecto se impulsaron cambios profundos a las mallas curriculares de las carreras de pedagogía y se organizaron pasantías para que expertos pudieran conocer la realidad de otros países. 

“Algunos partieron a Canadá y a España. A mí junto a una colega nos mandaron a Inglaterra para estudiar cómo era allá la formación inicial docente en dos universidades. Fue una experiencia que nos marcó, sobre todo en la Universidad de Reading, donde una profesora estaba empezando un programa de mentorías que finalmente, después de casi 20 años, se adoptó en Chile para guiar a los profesores que recién se están iniciando. Entonces coincidimos con esta profesora en muchos aspectos; ella nos habló de la necesidad de guiar desde el mismo colegio a los nuevos profesores que muchas veces se encuentran con un ambiente hostil o sin apoyo. Esta iniciativa la tomó el CPEIP (Centro de Perfeccionamiento, Experimentación e Investigaciones Pedagógicas del Mineduc) hace unos pocos años para ayudar a los profesores noveles que están empezando la profesión”.

“Entonces también fuimos pioneros en formar mentores para el sistema y lo hicimos por medio de un programa que había en el Ministerio de Educación, y que aún sigue, se llama ‘Inglés abre Puertas’. Al principio solo formamos mentores en la asignatura de inglés. En este momento todos están involucrados, no solamente la asignatura de inglés, sino otras asignaturas también. Sin ir más lejos durante estos días asistí a un webinar donde el CPEIP estaba hablando sobre esta experiencia”.

 

El papel de SONAPLES

Minerva Rosas está convencida que la retroalimentación dentro y fuera de Chile resultó fundamental para reafirmar el trabajo que estaba haciendo con sus estudiantes de la U. de Los Lagos.  “Me acuerdo que una vez viajamos a  España a la Universidad de Granada por los temas que estábamos investigando en nuestro doctorado. Cuando íbamos en el avión mi marido me dijo: ‘Minerva ¿qué vamos a hacer a España? ¿Tú crees que nosotros les vamos a enseñar algo? ¡No se vayan a reír de nosotros!’. Llegamos y realmente nos fue regio, porque estábamos sintonizados, estábamos al día y haciendo lo mismo que ellos, lo que fue increíble. Entonces esas salidas al extranjero te afirman y te dan confianza en que lo que estás haciendo está bien”.

Es precisamente desde ese lugar que ella valora el aporte de SONAPLES. “Es una de las sociedades científicas que más ha permanecido en el tiempo y que hace cosas. Su gran aporte es difundir las investigaciones, las publicaciones de los socios y lo que uno está haciendo en la universidad. Eso es lo que hace en sus Encuentros, que son bianuales, donde todos pueden mostrar en qué están”. 

Ella ingresó a la directiva de la sociedad en 2004, precisamente cuando se celebró el primer encuentro de SONAPLES en Osorno y ejerció como presidenta entre 2015 y 2017. En ese período, dice, “me dediqué a afianzar los lazos con los profesores del sistema, a quienes ofrecimos cursos impartidos por nosotros. De hecho en 2017 invité, con apoyo de la Dirección del Departamento de Humanidades y Arte, a miembros de la directiva para que vinieran a la Universidad de Los Lagos a dictarlos. Llegaron Miguel Farías, Hiram Vivanco y Ana María Burdach. Esa iniciativa tuvo mucho eco, porque la sociedad científica que generalmente se mantiene en la universidad, esta vez salió a buscar a los profesores de los colegios, quienes pudieron conocer la sociedad y quedaron muy contentos con los cursos. Recuerdo que los profesores incluso mandaron una carta a SONAPLES agradeciendo esta iniciativa, porque llegamos nosotros a ellos, en vez de que llegaran ellos a nosotros”. 

Sociedad viva

No sin una cuota de pudor, Minerva recuerda que hace un año, en noviembre de 2020 y durante el encuentro de SONAPLES, que debido a la pandemia se hizo de manera online, recibió un reconocimiento como “profesora homenajeada” de la institución. 

“Yo luché harto para no ser, pero no me hicieron caso. Dije que no porque era de la directiva, propuse que eligiéramos a otra persona y de repente me dejaron fuera de las reuniones. Yo no sabía qué pasaba hasta que me llegó una carta, y claro, me habían dejado fuera porque me resistía.  Yo sentía que alguien podía decir que estábamos premiándonos nosotros mismos, pero no me hicieron caso, y decidieron que yo fuera la profesora homenajeada, lo que finalmente agradezco”.

Ella dejó recientemente la directiva de SONAPLES. Cree que el desafío que tienen quienes asumieron en reemplazo suyo y de los otros directores salientes, es “mantener la sociedad viva, que funcione, que ofrezca cursos. Nosotros tenemos contactos, no sólo los miembros de la directiva sino que todos los socios, con universidades extranjeras. Es bueno que tengamos lazos  con otras universidades europeas, latinoamericanas, de Estados Unidos, porque así, en este mundo globalizado, nos mantenemos todos al día y realmente por medio de estos contactos se forma una red que nos permite estar actualizados”.

Minerva no quiso terminar esta entrevista sin antes dejar un consejo a los nuevos profesores de inglés: “No insistan tanto en la gramática. No sé por qué todavía hay muchos profesores que se pegan en la gramática, eso ya es viejo, es de la corriente estructuralista de los años 50 y 60. Entonces, ¿para qué perder el tiempo en hacer que el alumno cambie y haga oraciones en el presente, el pasado, o el futuro fuera de contexto? Eso no le va a servir para leer, no le va a servir para escribir, no le va a servir para comprender cuando escuche algo, ni le va a servir para hablar. Entonces mi consejo es que enseñen a comprender. Una persona que comprende cuando lee puede escribir bien, y cuando comprende, al escuchar, puede hablar y contestar. Entonces hay que empezar con enseñar una buena comprensión para lograr una buena producción”.

Por Gabriel Angulo Cáceres

Periodista

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