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Liliana Baltra

Fue una figura clave en la implementación en Chile del Centro de Perfeccionamiento del Profesorado y en la difusión de la obra de Gabriela Mistral al mundo angloparlante. Esta es su historia. 

Liliana Baltra (Foto Impacto Latin News).jpg

Liliana Baltra y el orgullo de “haber contribuido al interés por aprender inglés y conocer su cultura”

Destacó como una alumna brillante en la carrera de Pedagogía de Inglés en el otrora Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile, cursó un Magister en Educación en la Universidad de New Hampshire y una tutoría en la prestigiosa Universidad de Oxford, fue una de las precursoras del Centro de Perfeccionamiento del Profesorado que se creó a mediados de los años ’60,  recorrió Chile entero hasta bien entrada la década de 1980  para la implementación de un ambicioso proyecto de Laboratorios de Inglés para estudiantes de colegios públicos y se ganó el reconocimiento internacional con la traducción al inglés de una serie de poemas de Gabriela Mistral, obra que realizó junto al académico estadounidense Michael Predmore. 

Esta es sólo parte de la trayectoria profesional de Liliana Baltra, una de las personalidades más destacadas a nivel nacional en la enseñanza del inglés, quien también ejerció como profesora universitaria en los colegios regionales de la Universidad de Chile que se transformaron más tarde  en las  universidades de Antofagasta y Talca, fue directora académica del Instituto Chileno Norteamericano, académica de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile, y en la última década vivió en Ciudad de México, donde estuvo dedicada a actividades culturales en torno a la pintura mexicana. 

Regresó a Chile debido a la pandemia, y aunque se autodefine como una “profesora jubilada”, lo cierto es que sigue muy activa y abocada a distintos proyectos personales, entre ellos la edición bilingüe de un nuevo libro con poemas inéditos de Gabriela Mistral, cuyo prólogo lo escribió la albacea de la poeta, Doris Atkinson. Y sigue con mucha atención los temas contingentes del país, al punto que tiene planeado enviar una carta a los miembros de la Convención Constitucional para que la buena formación que requieren los nuevos profesores y profesoras del país esté garantizada en la nueva Carta Magna.

“Hay que aprovechar la coyuntura de que estamos haciendo una nueva Constitución. SONAPLES se debería meter ahí, enviar también una carta a los constituyentes para mejorar la formación y preparación de los profesores”, sostiene.

Inglés de película 

Para entender cómo Liliana Baltra cimentó su carrera hay que remontarse a su infancia y juventud, cuando vivía con su familia en el sector de Avenida Matta, en Santiago Centro y estudiaba junto a su hermana, la periodista Lidia Barra, en el emblemático Liceo 1 Javiera Carrera. 

“Hace poco escribí unas memorias de mi infancia y recuerdo que jugaba con mi hermana, que tiene un año y tres meses menos, a que yo era la profesora y ella la alumna. Estoy hablando de que a los siete u ocho años ya me gustaba enseñar. En el Liceo 1 no me decidía si quería ser profesora de artes plásticas, música o inglés. Pero el interés por los idiomas surgió en la adolescencia por mi admiración a Estados Unidos gracias a las películas de la Metro Goldwyn Mayer. Me encantaban todas las películas de la Metro en colores, los bailes, los cantantes, era todo fantástico. Entonces decidí que el inglés era lo que más me gustaba.  Entré a Leyes y al Pedagógico al mismo tiempo, cosa que se podía hacer en esos años con el Bachillerato en Letras. Me matriculé en ambas sólo para quedar en una de las dos carreras y cuando quedé en inglés, nunca fui a Leyes, ni siquiera para anular mi matricula”.

Abrir los ojos

Para Liliana, haber estudiado en el Instituto Pedagógico a fines de la década de 1950 fue una experiencia que marcó un antes y un después en su vida. Es una vivencia que comparte con varios de sus ex compañeros de universidad y que la llevó a escribir, junto a dos de ellos, el libro “Memorias de una Generación Privilegiada”.

“Mi hermana y yo entramos juntas al Pedagógico porque ella iba a periodismo y yo a inglés. Veníamos de una familia de clase media de Avenida Matta, pero mis padres no eran intelectuales ni habían tenido una carrera universitaria. Entonces, cuando entramos a la universidad, abrimos los ojos porque nos encontramos con profesores, ayudantes y los papás de compañeras que tenían otro nivel. No tenías que leer, con sólo conversar con ellos te transformabas en otra persona. A mis compañeros, los tres que escribimos el libro, nos pasó lo mismo. Basta con recordar quienes eran nuestros profesores: Roque Esteban Scarpa, el filósofo Luis Oyarzún, Eugenio Guzmán, Julio Munizaga, en fin… los profesores de los ramos generales eran personajes del mundo intelectual chileno y en inglés tuvimos la suerte de tener profesores británicos”. 

“Pleased to meet you, Frank”

Liliana recuerda que al principio le costó, pero que terminó convirtiéndose en una “alumna top” que se sacaba notas 7 sobre todo en Literatura. Dice que lo primero que hizo después de terminar su carrera fue viajar becada a Estados Unidos para estudiar un Magíster y cumplir un sueño de juventud: conocer a Frank Sinatra. “Tenía una beca Fullbright que me permitía durante las vacaciones de verano viajar por todo Estados Unidos. Yo misma me pagué los pasajes y partí con un mapa para llegar donde familias de distintas ciudades que alojaban a extranjeros porque valoraban que sus hijos compartieran con personas de otros países”. 

Fue así como desde New Hampshire llegó a Nuevo México donde conoció a una joven de su edad cuyos padres tenían amistades en Las Vegas. “Le conté que quería conocer a Frank Sinatra, entonces llamó a sus amigos por teléfono y les preguntó si yo podía ir para que me llevaran a ver a Sinatra. Me dijeron que sí, así que tomé un bus Greyhound, y me fui a Las Vegas. Ahí me estaba esperando un matrimonio que no tenía hijos y partimos al Sands, uno de esos hoteles maravillosos que había y que todavía hay.  Después del show estaban sentados en el bar Frank Sinatra y Dean Martin con un par de rubias espectaculares, en una escena de película. Yo en ese tiempo era una niñita de 24 años con anteojos, y bueno, me acerqué, conversé con él y le dije que era chilena ¿y sabes qué me preguntó? Si yo era de Valparaíso. Debe ser porque él nació antes de 1920, fue al colegio en los años ’30 y seguramente en los libros que estudió, Valparaíso como puerto principal figuraba como el lugar más importante de Chile. Me llamó mucho la atención que me preguntara eso. Después me dio una tarjeta con su autógrafo y el de Dean Martin. Para mí fue algo fabuloso, es como si una lola hoy día vaya y conozca a Lenny Kravitz”. 

 

Profesora universitaria 

Ya de regreso en Chile, vivió dos años en el norte del país, donde complementó sus clases en el Colegio Regional de la Universidad de Chile en Antofagasta con una intensa actividad cultural, en la que participó como actriz en la compañía “El Teatro del Desierto” creada por Pedro de la Barra.  “La experiencia de Antofagasta fue muy valiosa, porque conocí gente estupenda, pude cimentar mi carrera como profesora universitaria y contribuir a dar formación a muchachos muy humildes”, recuerda. 

Después volvió a Santiago, donde trabajó como profesora de inglés del Colegio San Ignacio, donde alguna vez tuvo como alumnos de básica a figuras como el ex ministro de Educación José Pablo Arellano y al director teatral Ramón Griffero. No quiso perder el vínculo con la docencia universitaria, así que se las arregló para viajar dos veces a la semana a Talca para impartir clases a futuros profesores de inglés.  En eso estaba cuando, en 1965 decidió volver a Estados Unidos para cursar un doctorado en la Universidad de Texas. No alcanzó a terminarlo, porque dos años después le pidieron que regresara para trabajar en la formación del Centro de Perfeccionamiento del Profesorado. 

“Yo acepté, pero lo lindo y maravilloso fue que no me mandaron a Estados Unidos a terminar el doctorado, sino que me salieron becas a Inglaterra. Entonces los años 70 fueron mis años de Inglaterra porque iba cada dos años, incluso estuve en la Universidad de Oxford. Cada viaje de esos era un enriquecimiento para mí y para la educación de Chile, porque yo volvía y podía implantar cosas nuevas a los programas del Ministerio de Educación, como laboratorios de idiomas, y el uso del video como instrumento para enseñar inglés”.

Y fue precisamente la implementación de esos laboratorios, que llegaron a Chile durante el gobierno de Eduardo Frei Montalva, lo que llevó a Liliana a recorrer prácticamente todo el país y a estrechar su vínculo con SONAPLES. 

“Éramos un grupo de personas del Centro de Perfeccionamiento que tuvimos que implementar 30 laboratorios de idiomas que se instalaron de Arica a Punta Arenas y preparar a los profesores de inglés y de francés que iban a trabajar en esos laboratorios.  Entonces cuando un profesor de liceo tenía alumnos interesados en perfeccionar su inglés o francés, los invitaba a participar en los laboratorios en horas extraordinarias. Los hicimos funcionar y viajé por todo Chile. Empezamos en 1975 y estuve hasta que me retiré del Centro de Perfeccionamiento, a mediados de los ’80. Fueron nueve años dedicada a los laboratorios de idiomas, entre otras cosas”. 

En esa época, recuerda, “SONAPLES era parte de mi trabajo. Si decía que tenía que ir a un Congreso de la Sociedad o que era parte de la directiva y tenía una reunión, me daban permiso. Cada dos años yo presentaba trabajos y lo hacía porque era parte de mi labor como metodóloga en la enseñanza del inglés. Una de las mejores experiencias fue conocer a los colegas de todo Chile. Era fabuloso que un profesor que realizaba una investigación en Arica se encontrara con otro de Talca haciendo lo mismo. Ahora es más fácil, pero en esos años no había Internet así que nos conocíamos en los congresos que se hacían en diferentes ciudades del país”. 


 

Gabriela Mistral 

Para Liliana Baltra la literatura es una pasión que comenzó a cultivar en la universidad -fue allí, de hecho donde nació su admiración por William Shakesperare- y la continuó profundizando en sus posteriores estudios en el extranjero. Pese a ello, admite que el reto de transformarse en traductora al inglés de la obra de Gabriela Mistral la tomó por sorpresa. Ocurrió hace más de una década, cuando ya había dejado el Instituto Chileno Norteamericano y estaba de regreso en la Facultas de Filosofía y Humanidades de la U. de Chile. 

“Me vino a ver una amiga chilena que vivía en Texas que estaba casada con Michael Preadmore, un profesor de Stanford que enseñaba literatura hispánica en Estados Unidos y que había traducido al inglés a Antonio Machado. Los llevé al Valle del Elqui y fuimos al Museo de Gabriela Mistral. De pronto él empezó a recitar en voz alta y me propuso hacer las traducciones. Lo miré con horror y le dije “¡No Mike cómo se te ocurre, yo no puedo!” y me  respondió “sí puedes, ensaya y trata”. Eso hice con ese poema que dice “Él pasó con otra, yo le vi pasar…”, me resultó estupendo, se lo mandé, le encantó y me dijo “ya, estamos metidos en esto”. Ese trabajo duró siete años. Funcionó porque él era una persona bilingüe que sabía mucho de poesía en español y  yo soy bilingüe con experiencia en poesía en Inglaterra y Estados Unidos. Fue así como tradujimos  150 poemas y prosas del libro Desolación”.

Actualmente sigue embarcada en la traducción de un nuevo libro bilingüe con poemas inéditos de la Mistral y en otro libro sobre literatura chilena que escribió durante los años que vivió en México. “Desgraciadamente Michael Preadmore murió, por eso lo estoy haciendo con otro amigo. Llevamos 20 de 30 poemas, más un prólogo que escribió Doris Atkinson y que ya traduje al español. También escribí un libro que quiero publicar sobre 15 autores chilenos desde Vicente Huidobro, que es de los años ’30, hasta Roberto Bolaño y Alejandro Zambra. Lo escribí para incentivar a los jóvenes a que dejen los computadores y los celulares y se pongan a leer autores chilenos”. 

SONAPLES y el futuro de los profesores.

Liliana Baltra reconoce que hoy día está abocada a temas muy distintos a los que desarrolla SONAPLES, pero igualmente cree que la institución debiera avanzar con más decisión en abordar el estudio de otras lenguas. “Deberíamos meternos, por ejemplo, en la enseñanza del chino, debieran asistir a SONAPLES personas que enseñan mapudungun, chino, que enseñan Swahili y que expliquen por qué este idioma africano es tan importante. Porque al inglés ¿qué más jugo le van a sacar? Los actuales profesores de inglés, por su parte,  debieran explorar los idiomas originales de los pueblos galeses, escoceses, irlandeses y dar a conocer esto a los profesores de inglés de liceos que asisten a los congresos. Eso me parece sumamente interesante”. 

Pero más relevante aún, dice, es que SONAPLES debiera “estar más cerca del Ministerio de Educación y de los que hacen los programas educacionales, porque hay una falencia en relación a lo que pasa en una sala de clases y en una escuela pobre. Lo más lamentable es que en los colegios siguen enseñando como nos enseñaban a nosotros cuando éramos chicos, ‘mesa, table; pencil, lápiz’. Es horrible, es muy desilusionante, te lo dice una profesora jubilada: todavía enseñan inglés como me enseñaban a mí cuando estaba en preparatoria. Y peor aún, tengo una ex alumna que se tituló de profesora de inglés y el sistema no la deja trabajar con lo que yo le enseñé, no puede aplicar la metodología moderna porque el sistema se la traga, porque no hay recursos, o porque tiene que ceñirse por los libros que les manda el Ministerio, qué sé yo. En esto hay mucho por hacer”. 

Pero no todo es tan malo.  Después de esta extensa entrevista, donde quedaron muchos otros temas en el tintero, Liliana Baltra  no oculta sentirse orgullosa de su propia historia, por “haber contribuido al interés por aprender inglés y conocer su cultura. Sí, porque con las lenguas extranjeras aprendes la cultura de otros pueblos y los modos de vivir de esos pueblos. Y el inglés abre las puertas para acercarse a la cultura británica y a su historia, que es fantástica”. 

Por Gabriel Angulo Cáceres

Periodista

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